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Seguramente has llegado a una zapatería donde eliges el modelo de tu preferencia y le pides al vendedor que traiga un par en tu talla. Te pruebas el calzado y te enfrentas al problema de siempre: meter el pie es un martirio y desistes o lo logras y sientes que te lastima el empeine.

Si se trata de un modelo plano o de piso, caminar resulta ser muchísimo más incómodo y cansado de lo que debería. Ni qué decir de los tacones, si eres mujer.

Esta situación es mucho más frecuente de lo que parece y se desarrolla como consecuencia al síndrome del pie cavo.

¿Qué es el síndrome del pie cavo o arqueado?

Es la situación inversa al pie plano y contrario a la creencia popular, las personas con este padecimiento son las que presentan más molestias a lo largo de su vida.

Bajo esta condición, la bóveda plantar presenta una elevación pronunciada, provocando que la mayoría del peso y el esfuerzo recaigan sobre el metatarso del pie y el talón.

Pero eso no es todo lo que significa tener el pie cavo, ya que con la edad, la tolerancia a este padecimiento se reduce.

Durante la infancia, este síndrome es asintomático, pero conforme pasa el tiempo, se van añadiendo molestias como esguinces de repetición y calambres en las pantorrillas o la planta del pie.

Las causas del pie cavo podrían ser neurológicas o no neurológicas.

Entre las causas neurológicas, se presenta como consecuencia de enfermedades como poliomielitis o lesiones medulares.

Las causas no neurológicas son las más frecuentes y derivan de:

  • Malformaciones musculares.
  • Golpes, fracturas, esguinces.
  • Uso de calzado muy ajustado.

¿Cómo se diagnostica?

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Existen además de diferentes causas, diferentes afecciones del pie cavo, por lo que es muy importante acudir con un especialista para diagnosticarlo y determinar cuál es el nivel de afectación, así como el procedimiento para remediarlo.

Otros síntomas relacionados con este padecimiento son:

  • Fatiga excesiva al caminar.
  • Metatarsalgia (dolor en las almohadillas anteriores).
  • Fascitis plantar (dolor e inflamación del arco).
  • Dedos de los pies engarrotados en garra.
  • Durezas y callosidades debajo y en el dorso de los dedos de los pies.
  • Empeine con giba o joroba.

Un estudio de la marcha es ideal para identificar si ya se padece este problema y de ser así, comenzar con el tratamiento adecuado lo antes posible.

¿Qué tratamiento debo seguir?

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Una vez que un especialista haya confirmado el diagnóstico, existen diferentes tratamientos para la solución del problema, dependiendo por supuesto de la gravedad de este:

  • Kinesioterapia.
  • Cuidados de quiropodia.
  • Ortesis plantares (plantillas).
  • Osteotomía.

Como recordarás, lo más importante siempre es la prevención. 

Procura usar un calzado adecuado, evita el uso de calcetines hechos con materiales sintéticos y acude con un especialista para encontrar el tratamiento que mejor se adecue las necesidades de tus pies.

Acércate a la sucursal CEAPIE más cercana, para que uno de nuestros especialistas te realice una valoración clínica.

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